domingo, 24 de febrero de 2013

Del Miedo y otras Islas


RECUERDO aquel verano de lecturas, entre las que a mí me gustaban (Stephen King), alternaba con el dolor de la mano de Oscar Wilde, pues no solo de miedo se atormenta el corazón, y en la hora segura, la bendita siesta, bajar la persiana y leer algo de la colección de La Ballena Alegre o ver dibujos animados, donde tuve mi primer encuentro con La isla del tesoro. Años más tarde me haría adicta a las películas clásicas: de terror —porque las momias, como los museos, son para el verano, dejaba las de vampiros para arrebujarme con una mantuca en invierno— y a las de piratas (porque las de monstruos... Mejor explico otro día qué pasa con los monstruos y la canícula [Jurassic Park se estrenó un aciago 10 de octubre aún demasiado flamígero, al que no me pude resistir y se quemó el bosque entero]). Mientras, por piratas y por Fleming hube de llorar por Manuel, el pescador portugués de Capitanes intrépidos (respiré aliviada cuando volví a ver a Spencer Tracy convirtiéndose en Mr. Hyde, y hasta deseé que aquella pistola de chocolate que mordía, creo en la Costilla de Adán, le explotara en los dientes, pero a aquellas alturas de la película ya sabía yo lo que le pasaba en la realidad (pasó hace mucho) con Katharine Hepburn y que se había quedado atrapado, igual que en una maldición gitana, en el celuloide para vivir por siempre lo nunca vivido.

lunes, 11 de febrero de 2013

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro II

     ES una constante que tengo grabada: «Quien tiene un amigo, tiene un tesoro». De hecho, es la segunda vez en este espacio que titulo así una entrada (de ahí, lo del «II», y ojalá llegué a un número que ningún romano hubiera sido capaz de concebir). Y también a fuego tengo la asociación de los amigos, los tesoros y las islas, creo que La isla del Tesoro es la culpable: además de la extraña (y funcional) interpretación de la amistad de Long John Silver con el niño Jim, fue Ben Gunn, guardián de la isla, del tesoro y marginado de sus afectos humanos y lácteos quien me soldó a la palabra «tesoro»: de un lado, «isla», y del otro, «amigo». También hablaba en la otra entrada de qué me llevaría a una isla desierta. ¡Y lo hice!