sábado 22 de agosto de 2009

Fallece Pablo Beltrán de Heredia



Ayer, 21 de agosto de 2009 falleció en su domicilio Don Pablo Beltrán de Heredia. Cuando se cerraba la exposición. El día antes, todavía estuvo trabajando durante más de tres horas en la maqueta final del libro catálogo que se prepara sobre La sombra recobrada y que se ha convertido durante estos meses en el recorrido de su vida. Estuvo poniendo los pies de las fotos. Y luego, ya terminada la labor, parece que decidió descansar para siempre.


No he llegado a conocer a Beltrán de Heredia en persona, pero sí sus letras, su arte, sus palabras, el tesón y la voluntad de trabajo. Sus esfuerzos. Y se me caen las lágrimas porque le tomé un gran cariño. Es curioso como se puede amar, que se ama a lo que se conoce, pero este conocimiento fue a través de su trabajo, de su legado. Qué pena, de verdad. Lo siento en el alma.


La exposición, a modo de homenaje, me comentan que va a permanecer una semana más.


Descanse Don Pablo, Usted se lo ha ganado. Y un beso muy fuerte de una fan incondicional,

pepsi


Curioseando en el Epistolario, rescato un fragmento de una carta de Beltrán de Heredia de hace 54 años. De como, a pesar del parón de España en agosto, él, dale que te pego trabajando y trabajando, incansable:


PABLO BELTRÁN DE HEREDIA

Mecanografiada

Santander, 28 de agosto, 1955



Querido Julio: El verano, realmente, nos disuelve y deshace. Independientemente del calor, que este año ha apretado de firme, creo que contribuye, sobre todo, a ello, el tipo de vida tan distinto que nos obliga adoptar la afluencia de amigos, la superabundancia de actos y espectáculos. Comprendo, cada vez mejor, el veraneo de la aldea que hacían, antes de la guerra, los santanderinos que se preciaran de algo.
No quiere decir todo esto que haya descuidado nuestra edición. Sino, únicamente que el no haberte escrito sólo se debe a la dispersión mental y espiritual a que nos obliga el verano santanderino.
Por aquí ha estado —ya lo sabes— Pepe Hierro. Físicamente, le he encontrado mejor que nunca. No está a gusto, sin embargo, en Madrid. Se vendría de muy buena gana —con el voto en contra de Lines—, si le proporcionaran en Santander alguna ocupación, aunque fuera menos retribuida que las de Madrid. Hay una remota posibilidad de esto, que él ha acogido jubilosamente. En contra de lo que pudiera parecer, el retorno a Santander le sentaría bien. Se centraría, mucho más cuando se olvidara por completo de los escrúpulos, que ni siquiera confiesa pero que le atormentan realmente en Madrid. Se halla a disgusto entre personas que no tienen con él ninguna afinidad espiritual, estética ni ideológica. A Pepe le están utilizando en menesteres verdaderamente absurdos e impropios de su talla. Las personas a las que tiene hoy que estar sometido son verdaderos animales, como dice un amigo mio, salvo el alma.
También anda ya por aquí Ricardo Gullón. Ha regresado definitivamente de América. El romper amarras y rechazar los ofecimientos que tuvo para poderse quedar en Puerto Rico ha debido de costarle. Viene mucho mejor que el año pasado. Pero estos dos años de estancia en América, aparte de los beneficios que le hayan proporcionado, creo que le han perjudicado bastante. Han acentuado, en él, su característico dogmatismo, tinéndole, un poco, de suficiencia. Todo lo de por aquí es ruin, mezquino, insignificante; no merece sino una mirada compasiva y condescendiente. En el fondo, hoy Ricardo, a disgusto con su profesión —que no siente—, se encuentra también a disgusto con el ambiente que le rodea; se considera, dentro de él, violento, como si algo o alguien le obligara a vivir aquí. Esperemos de todo esto su reacción literaria. Tiene en la cabeza varias cosas para escribir Veamos por dónde rompe la crisis espiritual que en él, sin duda, se produjo al contacto con América.
Por Santander pasó Blás de Otero. Nos dijo que te había visto. Hablamos de sus proyectos y terminó ofreciéndonos, para editar, un libro ya terminado. Tengo ya en mi poder el original. El libro es magnífico. No sólo por contener poemas soberbios, sino por el tono general del mismo. Pocos poetas en España tendrán hoy un acento tan robusto, tan personal. Pero... el libro seguramente no podrá ser editado. No creo que lo autorice la censura. Si, como yo supongo, fuera rechazado por Pérez Embid y sus muchachos, te daría a leer una copia.
Quien, al fin, no pudo venir este año fue Lafuente. Le envié tu «Carta a la Marquesa de Benemejís». Me figuro que tú recibirías la carta, adhiriéndose a la tuya, de los Artistas Montañeses. Como consecuencia de esta campaña y de una serie de intrigas por debajo de la misma, el Ayuntamiento de Santillana nombró ya a Lafuente hijo adoptivo de la villa. Pensábamos que se hiciera el ofrecimiento del título este verano, con motivo de su estancia en la universidad, como profesor del curso para extranjeros y director de la Quincena de Arte. Pero, desde Burgos —donde dio un par de conferencias— tuvo que regresar a Madrid, por encontrarse enfermo. Venía ya muy cansado desde hacía tiempo. La puntilla final se la dio él mismo, en los primeros días de agosto, al redactar en diez días y ¡en Madrid! el tomo que tenía compromentido con Skira. Ayer, justamente, he tenido una carta de el. Le han recomendado un mes de reposo absoluto en la sierra. Aparte de sus anteriores dolencias, tiene ahora algo de próstata. Los médicos decidirán, después de este mes de reposo con un régimen mu severo, si es preciso intervenir. En este caso, se operaría inmediatamente. Menos mal que pudo dejar antes termiando el tomo de Skira, que me figuro le dejará libres algunas pesetas.
En la penúltima carta que tuve de él me anunciaba el envío de una dirigida a ti para que te la remitiera a Begoña, por no recordar tus señas. Le encantó tu artículo. Y, a propósito de artículos, mañana mismo haré la gestión, para ver si se cobran los dos que publicaste en Alerta. Con buena lógica, no debería plantearse sobre esto la menor duda.
Y vamos ahora a hablar del libro. Ya está en la imprenta el papel. Ya está tirada la litografía de Zamorano, con tu retrato. Ha quedado magnifico. Creo que prefiero no andarte enviando sueltos los elementos del libro, pues te producirá una sorpresa más agradable verlo armado y completo. El trabajo de Pancho he decidido, a última hora, que fuera el que en un principio habíamos pensado; es decir, las tapas exeriores. Precisamente, para lograr esa unidad interior que debe presidir la impresión. (...)


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Y dejo también aquí, un sonetuelo de Pepe Hierro que le dedicó por su edición de bibliófilo de Antología, 1953, por la que le fue concedido el premio nacional de poesía. José Hierro firmó así el ejemplar de Beltrán:




Perro editor. Cien mil veces maldito,
¿Qué Luzbel te inspiró la Antología?
Una coroza es lo que merecía
Tu idea, pez, hoguera y sambenito.

Yo dormía hasta ayer como un bendito,
Sin pensar en lo mucho que debía.
Ahora, despierto me sorprende el día,
Nervioso, calvo, pálido y marchito.

¿Ignoras que quien siembra Antologías
recoge nacionales? ¿No podías
haber estrangulado el pensamiento?

Maldígante legiones de poetas.
Pobre de mí, con miles de pesetas
gravadas con traspasos y descuentos.

2 comentarios:

Jose dijo...

Hola, soy Jose Mª Beltran de Heredia Alonso, sobrino de Pablo. El motivo de insertar un comentario en esta interesante página es que me gustaría ponerme en contacto con D. Jose Mª Lafuente, y no consigo hacerme de su email. Si fuera posible que me lo facilitaran se lo agradecería. Un cordial saludo

pepsi dijo...

Estimado José:

Si lo desea, puede contactar conmigo en el mail de este blog: pepsi_max@yahoo.com, y a vuelta de correo le facilitaré el mail personal de José María Lafuente.

Muy atentamente,
Carmen